ARTÍCULOS

Hacia una pedagogía de la percepción


Una indagación sobre una manera de enseñar actuación poniendo el acento en la percepción.


por Fernando Orecchio


"Estamos llenos de música ajena"

Stéfano



Enseñamos actuación para recuperar la capacidad de escucharnos, acto singular que incluye la experiencia de escucharse. Un acto de percepción.

El alumno inicia un viaje de conocimiento de su materia de expresión y de las posibilidades de dicha materia, trabajo que tiende a la desobturación de sus canales expresivos. El trabajo del docente consiste en generar espacios de permisividad donde el alumno pueda escuchar las voces de su materia de expresión.

La aceptación, la confianza, el crédito hacia nosotros mismos y los demás, lo diverso, la diferencia.

La estética es una cuestión de hacer sin nombrar. Crear, siempre se trata de crear (conocimiento).


Sobre las palabras


Escuchar y ver, más que leer. Transitar.

Consideramos al texto como un mapa, una cartografía existencial, no un modelo a imitar. Desarticulando las preceptivas literarias con actos de presencia el actor realiza la experiencia del relato, no lo re-presenta, lo "hace" atento a la percepción de lo que ocurre. Sólo proceso. Ningún resultado. Ver y oír lo que hay y no lo que debería haber. La tarea del alumno es precisar lo que ve y escucha, precisar la acción, precisar

lo que percibe, no precisar el concepto, la idea.

Hacer la experiencia de la voz en performance.

Hay maneras de hablar que carecen de eficacia. La experiencia vital en estas maneras se sustrae. Lógica del texto. Sentido abstracto. Lo que se sustrae es la experiencia. Sólo hay que poder escucharla.

No intervenir-interpretar, apresurar sentido. Precisar. Recuperar la capacidad de transmitir experiencias por intermedio de la palabra dicha. La experiencia se Hace.

¿Qué quiso decir el escritor? A nuestro entender no es esto lo que hay que aprender a escuchar sino más bien las resonancias que se pueden tener con el material como experiencia en acto. Lo que produjo en otros tiempos es materia de la historia.

Una voz desconocida nos espera en cada obra que abordamos. Palabras que cobran vida en la experiencia. Transitar un texto no es lo mismo que leerlo. Transitar la experiencia que ese texto porta es escucharlo.

No construir soportes materiales en la acción para significar. El actor no traduce a su lenguaje específico un texto dado, es decir, a la acción, sino más bien lo acciona, lo hace.

La palabra en teatro es percepto (percepción en devenir) más que concepto.

"Estamos llenos de música ajena"

No es sólo una idea, sino fundamentalmente una experiencia perceptiva.


Sobre el personaje


Ningún Yo en las circunstancias de otro: el personaje. Ninguna interpretación. El personaje, a nuestro entender, no es una entidad individual, una construcción particular, sino más bien un acto singular,

un agencia-miento colectivo de enunciación, una multiplicidad.

Creemos que una pedagogía "tecnicista" fortalece la neurosis cotidiana, su "modelo natural". El Yo es

su sujeto. La construcción del personaje su objeto.

El Yo se construye una máscara.

El Yo deviene esa máscara.

Esa máscara "protege" al Yo.

El personaje se individualiza en relación con ese Yo que no deja de imitarse a sí mismo. No se singulariza, lo que implicaría el devenir del Yo a la multiplicidad de la experiencia (personaje). En general se asocia

un personaje a un individuo. El personaje, entonces, como la biografía de un sujeto. Obras con fotos.

El actor expresa en formas lo que nos ocurre en la vida llevando la percepción de lo real más allá de los límites de nuestro registro "cotidiano", de los registros de un Yo.


Sobre la acción


Más allá de las definiciones que puedan hallarse, la acción es lo que hacemos con el cuerpo. La acción reside en el cuerpo. Es su territorio. No es una extensión significante que cuenta una historia, su puesta

en signos, la acción devenida lenguaje, la acción que sustituye al lenguaje, la acción como construcción que arrebata y simplifica el sentido del texto y lo monopoliza, lo traduce, lo calca, lo "individualiza". La acción mimética. La acción que imita la conducta de otros, siempre otros. El actor que cuenta con acciones. Aristóteles.


La acción nos sitúa o nos sitia.


Para un alumno-actor la acción es la objetivación de sus posibilidades expresivas. Acciona para dar emergencia a su materia de expresión, no para "significar". El trabajo del actor sobre sí mismo. Si hay copia, la acción cumple la función de ilustrar el modelo; si hay mapa, la acción es el viaje de conocimiento de una materia de expresión y sus posibilidades de devenir forma de expresión. El mapa (a diferencia

de la copia) nos permite orientarnos. Dionisos: "el que viene de oriente".


Sobre la voz


Un músico puede detenerse en un La y escuchar su expansión, haciendo estallar los cinturones de seguridad de una percepción capturada en hábitos conocidos, "haciendo" devenir el La hacia los bordes, hacia lo indiferenciado. Un actor puede detenerse en una vocal y en esta pequeña acción "quedarse", como el músico, escuchando el estallido de su expansión. La presencia.

La voz puede ser el vehículo hacia el reconocimiento del cuerpo. Una voz que en general está al servicio

de estrategias discursivas, que ha perdido su capacidad de transmitir experiencias. Una voz que denuncia la sujeción de sus cualidades expresivas a un uso social pautado, la sujeción al lenguaje. Una sintaxis que sujeta al sujeto en los estrechos límites de la experiencia de un Yo. Una voz que nos presenta una máscara.

Una voz "particular".

Una voz sin alegría,

Una voz que no canta.

Una voz sin voz.

Podemos oír la voz como vehículo de devenires que desbordan el presente cotidiano del sujeto, experimentando zonas de lo humano desconocidas. La voz en acto como un lugar de conocimiento de nuestra materia de expresión.


Sobre las técnicas


Las técnicas son necesarias, no suficientes. ¿Qué técnicas son necesarias? Las que permiten desactivar aquello que interfiere en la "emergencia" de la materia de expresión y sus posibilidades. Tarea del actor

es hallar la manera de hacer.

Otras técnicas, sobre todo aquellas que conducen a la "construcción" de personajes, son nocivas para la salud actoral, en tanto nos arrastran a un proceso mimético que "desterritorializa" nuestra capacidad de crear dando ingreso al modelo, la copia. La creación del personaje corre por cuenta del creador actor

y no se aviene a normas este proceso.

No es el aprendizaje de una receta técnica lo que favorecerá la independencia creativa del alumno, sino más bien el desarrollo de la confianza en su materia de expresión y de la responsabilidad indelegable de crear sus propios procedimientos y herramientas para viajar. La enseñanza artística, a nuestro entender, plantea la imposibilidad de generalizaciones. Es un acto singular.

Es una aberración pedagógica jerarquizar las técnicas por encima de la capacidad creativa del alumno.

Las técnicas son maneras de hacer. Y las maneras de hacer son de índole personal. Claro que se puede delegar en otro y copiarle la manera de hacer.

Qué ilusión la de creer que lo que quedó de la experiencia de un creador es el conocimiento.

Su testimonio es un diario de viaje.

No el viaje.

El conocimiento hay que hacerlo.


Entonces se intenta "revivir" esas experiencias y "apropiárselas transformándolas". Revivir, término caro a la formación naturalista con ocultas resonancias religiosas. Ilusión. Siempre será una copia de copia, sobre todo cuando lo que se intenta revivir es un estilo. El docente entonces se limita a corroborar la correspondencia con el modelo (técnico o estético, da lo mismo). Limitará sus resonancias para dar paso a la "preceptiva" como elemento organizador del campo pedagógico, al deber ser. Historia de la pedagogía en lugar de práctica pedagógica.


Resonancias: Grotowski- Deleuze


Grotowski desactiva el personaje. No hay excusa. Pretexto. No hay modelo literario. Sólo (solo) el actor puede hallar las maneras (técnicas) para fluir en formas.

Y un testigo despierto.

O mejor muchos.

Un grupo.

Un viaje.

No importa el tiempo que dure, hay viajes que duran más que otros y no es una cuestión de distancias.

No hablamos de entrenamientos de ocho horas diarias, ni de elencos ni de grupos de investigación, ni de modelos. Ningún martirio, ningún "tendría qué", ninguna deuda con Grotowski, Stanislavski, Shakespeare o Discépolo.

El docente, testigo y parte del proceso, resuena. Testigo del nacimiento de algo en el actor y parte de ese algo. Lo creado.

El teatro como "simulacro" da cuenta de lo humano, de otras químicas de lo humano. El arte está viciado de ilusión. Como la vida. La ilusión se nutre de la falta y desplaza hacia delante la experiencia de conocimiento. La ilusión frustra. Es posible que no podamos sustraernos a ella, pero podemos regular sus grados. Aprender a regular la ilusión puede ser útil para contrarrestar el automatismo mimético. La compulsión a la copia. Y encontrarnos con nuestra capacidad de crear formas originales (lo original tiene su origen en un sujeto que origina).

En la actuación, lo eficaz es la presencia, no la ilusión de presencia.

Devenir no es imitar. Devenir niño nada tiene que ver con reproducir la conducta de un niño o hacerse el niño o "como si" fuéramos niños. Tiene que ver con recordar. Tiene que ver con la memoria. Con el cuerpo memoria. Pero no recordar cuando éramos niños, sino más bien lo niño que hay en nosotros. Recordar la posibilidad de nuestro cuerpo memoria de devenir niño. Recuerdo del porvenir, al decir de Grotowski.

"Vivir la vida de otro". Creo que no hay definición más lejana del trabajo del actor. Es todo un esfuerzo contra natura.

Una pedagogía creativa no imita, crea. No parte del Yo. Sustrae lo Uno en favor de la multiplicidad.

La pedagogía actoral centra su atención en las cualidades expresivas del actor. Abreva en su propia cosecha. No se anticipa al des-cubrimiento, a la creación. Nada de ensimismamiento del actor. Ni un adentro, ni un afuera. No "caracteriza". El actor actualiza su potencial expresivo, su percepción, su escucha. Opera su propia metamorfosis. Transita intensidades distintas a las cotidianas, velocidades distintas.

El actor, en ella, no se "identifica" ni se "distancia" reforzando su actividad mimética. Se afecta. Detona un efecto de manada. Esta es su máscara: la posibilidad de devenir multiplicidad, plano de resonancia.


Fernando Orecchio es profesor de actuación y director de teatro.


Artículo publicado originalmente en Revista Ritornello. Devenires de la Pedagogía Actoral, Año I, Nro. 2, Buenos Aires, 2001, p. 6-9


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