ARTÍCULOS

Las reglas se hacen jugando

por Daniela Orecchio


“La fantasía es peligrosa

porque está fuera de control,

nunca se sabe bien

a dónde nos llevará”.


Graciela Montes

Juego libre o corral de la infancia


El juego es el eje movilizante de la acción teatral infantil. Sirve de mediador entre el mundo real e imaginario.

El teatro en la niñez es lúdico por excelencia. La revalorización del juego tiene por objetivo llegar al contenido dramático por un camino menos racional, es decir menos adulto, y más expresivo o espontáneo.

El juego facilita la actuación más libre pero al mismo tiempo le exige al chico un buceo de su capacidad expresiva, liberándolo de las interferencias intelectuales propias de la educación formal sistemática. La libertad de creación que se logra a través del juego les permite a los pequeños actores obtener conductas alejadas de la lógica común y sustentadas por el lenguaje creativo del cuerpo.

A través del arte los chicos intentan conquistar el mundo que los rodea: prueban, investigan, recrean, crean. Y este proceso se centra en el cuerpo. En ese “hacer”, más que una reproducción, logran una nueva construcción de lo real desde una perspectiva artística.

Hacer, participar, y construir se vinculan con el hecho de no imponerles, a la hora de crear, estructuras rígidas sino hilos conductores que les faciliten canales de expresión a través del arte.

La razón, el ordenamiento, las reglas no están fuera del juego, pero al momento de bucear en la expresividad, lo importante es dejarlos que encuentren ellos sólos los caminos que los lleven a explorar sus fantasías.

No cercarlos con corrales en la infancia, es la mejor manera de desplegar el potencial creativo de los chicos.



Las reglas están para ser transgredidas


A la hora de jugar todo es válido. Se proponen personajes. Aparecen estereotipos de la televisión, de los cuentos, de historias vividas o escuchadas.

Surge una idea generadora, y desde allí se comienza a andar un camino nuevo. Entonces, se rompen las convenciones reales y aparece el arte en su estado más genuino. A modo de ejemplo: La enfermera mala que castigaba a la pobre y débil anciana inválida termina siendo, por obra mágica del juego, víctima de aquélla una vez muerta. La niña-vieja modifica así las condiciones dadas generando una nueva situación conflictiva en la que rompe con el estereotipo de la vejez como debilidad , transgrede las reglas y se convierte en el poderoso espíritu que somete a su compañera- enfermera a las más duras condiciones, sin importarle si desde la lógica de una mirada adulta esto está permitido.

Los chicos proponen en el juego transgresiones que implican bruscos cambios de espacio y tiempo dentro de una misma situación dramática. En el contexto del proceso creativo nos sorprenden con por ejemplo: ” – Ya nos escapamos de la cárcel, porque el cuidador se quedó dormido. Ahora estamos cruzando un río” o bien” Ya pasó la noche, ya dormimos y es la mañana” o “ahora soy el mismo pero más viejo”.

Si bien en los casos anteriores han existido ideas generadoras, mapas de ruta para orientar la acción, también es cierto que durante el proceso de creación se fueron generando nuevas e innovadoras propuestas que modificaron la situación original.

Lo más interesante de la experiencia de trabajar con niños y adolescentes es que la técnica queda sometida a las condiciones creativas del equipo realizador, a esa posibilidad de cambiar las condiciones dadas modificando su acción sin perder coherencia ni lógica y transgrediendo con increíble creatividad todas las convenciones.

De esta manera ellos transitan el juego teatral sin buscar un producto estético ni una técnica sino encontrándolos a través del hacer en auténtico compromiso con el proceso creativo.

Surge por ejemplo de un tópico generativo como puede ser una sesión de terapia,

la terapeuta que mantiene impresionantes diálogos con su madre muerta a la que personifica en una muñeca y con la que lucha para lograr imponer su personalidad, o bien una paciente gorda que es gallega y que el origen de su trauma viene de la panadería en la que pasó sus mejores días de infancia, evocando los dulces con increíble sensualidad .

En esas producciones abordan el arte alejados de modelos porque su corta experiencia de vida los obliga casi a ser generadores originarios, o bien abordan el estereotipo desde su propia mirada.

La tarea del docente en el contexto de esta experiencia, es la de facilitar ese proceso creativo, despojándose de preconceptos como una de las condiciones básicas para hacer teatro con jóvenes. Esto es, dejar que su espontaneidad fluya, echando sólo redes o luces que le aclaren el camino. Muchas veces la experiencia o los modelos desde los cuales intentamos enseñar a los chicos se convierten en “corrales que coartan su expresividad”.

Si el juego dramático parte de la concepción de ser una actividad colectiva orientada por un moderador adulto, es importante esclarecer el rol docente que coordina el juego que no es más que el de aprovechar el interés temático que emerge naturalmente del imaginario colectivo del grupo y orientarlo hacia una estructura teatral. En el teatro infantil, la clase es y debe tratar de ser un taller de experimentación.


Daniela Orecchio. Profesora de Teatro para Niños y Licenciada en Ciencias de la Comunicación.


Artículo publicado originalmente en Revista Ritornello. Devenires de la Pedagogía Actoral, Año II, Nro. 3, Buenos Aires, 2002, p. 44-46



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